Ser “joven investigador” en HD

Posted Antonio Rojas Castro Investigación

En las últimas semanas mis circunstancias personales me han obligado a reflexionar sobre las situación de las Humanidades Digitales en el contexto hispánico: el julio pasado tuve una entrevista de trabajo para cubrir una vacante en un departamento de Hispanic Studies de una universidad irlandesa. Ya adelanto que no conseguí el trabajo pero la experiencia valió la pena por todas las preguntas que suscitó en mí.

El encuentro tuvo lugar a las 12 del mediodía y se desarrolló de manera cordial; creo que la entrevista fue bien o al menos yo me sentí cómodo durante los cuarenta minutos que duró y al acabar estaba satisfecho. Primero hablé durante diez minutos sobre cómo imaginaba mi contribución al departamento y luego vino una ronda de preguntas, que intenté responder con más o menos acierto y grado de improvisación, en español e inglés. Hacia el final del encuentro uno de los entrevistadores (creo que el jefe de la escuela de lenguas, literaturas y culturas) me preguntó: Where do you fit in our university? La pregunta me tomó desprevenido, había bajado la guardia tras intentar definir qué son las Humanidades Digitales, así que respondí que podía fomentar la colaboración entre el departamento de español e inglés, la biblioteca y los servicios de informática y ayudar a desarrollar las iniciativas digitales ya existentes.

No conseguí el trabajo porque no tengo experiencia enseñando español como lengua extranjera, es decir, por razones que no tienen nada que ver con las Humanidades Digitales. O quizás sí.

Where do you fit in our university?

La pregunta resonó en mi cabeza durante varias semanas porque el verbo empleado era revelador: ¿dónde encajaba todo lo que había aprendido durante los últimos años de doctorado? ¿Cómo podía integrarse la codificación textual con la enseñanza de la gramática castellana o las lecciones de historia sobre la Guerra Civil? Recuerdo que durante los días siguientes estuve buceando en internet en busca de respuestas.

La revisión de la tesis y la preparación de un documento en formato PDF para imprimir incrementaron mis ya fecundas inquietudes: ¿qué había aprendido con todo esto?, ¿realmente merecía la pena tanto esfuerzo?, ¿ese documento era una representación justa de mis ideas?, ¿a cuántas personas les interesan las variantes de las Soledades?, ¿por qué codificar con TEI si es posible publicar un texto con un gestor de contenidos como WordPress?, ¿y por qué diantre tenía que imprimir mi tesis si era una investigación sobre la edición digital?

En una de esas tardes de julio aterricé por casualidad en el proyecto #alt-academy, cuyas últimas publicaciones tratan modelos alternativos de dissertations. La lectura de los artículos me hizo comprender que, con independencia de mi futuro académico, la tesis me había permitido profundizar en la gestión de proyectos, la búsqueda de pruebas y evidencias para defender un punto de vista, el trabajo en equipo, la comunicación en redes sociales y, por supuesto, la edición digital. Es decir, con independencia del tema y el resultado final, hacer una tesis vale la pena porque proporciona una serie de habilidades necesarias tanto en el ámbito académico como en la empresa privada. De hecho, yo venía de trabajar en una editorial, así que lo sabía de sobra. Esto me hizo pensar que si mi futuro no está en la universidad siempre puedo volver a intentarlo en una editorial.

So where do you fit in our university?

Desde los ochenta se han utilizado metodologías informáticas para estudiar la lengua y la literatura española en los departamentos de filología. Sin embargo, con la emergencia de las Humanidades Digitales a partir de 2005 en Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania empezaron a proliferar centros y laboratorios con puestos, servicios, financiación y una agenda de investigación propia; no ha ocurrido lo mismo en España con la excepción del LINHD que dirige Elena González-Blanco.

No hace falta decir que las ofertas laborales en España brillan por su ausencia en los departamentos de Humanidades; los únicos puestos son temporales y precarios. No están diseñados, precisamente, para introducir las metodologías informáticas en el estudio de la literatura. Quiero decir: un cambio como el que plantean las Humanidades Digitales no se puede implantar a la ligera sin ningún tipo de compromiso institucional (y, por tanto, laboral). Además, solicitar financiación al Ministerio requiere casi siempre una afiliación más o menos estable. Por no decir que para conseguir dinero es necesario un currículum que pocos jóvenes investigadores poseen al acabar la tesis. En fin, resulta difícil empezar un nuevo proyecto de Humanidades Digitales sin presupuesto ni garantías de continuidad.

No son estos los únicos problemas de los “jóvenes investigadores”; otro día me gustaría hablar de del coste económico que supone presentar una comunicación en un congreso internacional.

La pregunta que hoy resuena en mi cabeza es otra:

¿Y si la consolidación de las Humanidades Digitales dependiera de la contratación de nuevas generaciones de investigadores?

Antonio Rojas Castro holds a doctorate in Humanities from the Universitat Pompeu Fabra (Barcelona, Spain). He is currently working as a researcher at the Cologne Center for eHumanities and contributing to The Programming Historian en español.

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